Sudán del Sur: MSF denuncia el aumento de la violencia contra la población civil y la atención sanitaria

Doce ataques contra personal e instalaciones de MSF han dejado a unas 762.000 personas sin acceso a atención médica

Una mujer transporta bolsas de comida sobre la cabeza tras un lanzamiento aéreo del PMA cerca de Chuil, estado de Jonglei. Marzo 2026. ISAAC BUAY/MSF

Juba, 19 de mayo de 2026.- Los ataques indiscriminados contra la población civil y las infraestructuras civiles —incluidos los bombardeos de hospitales—, el reclutamiento forzoso, la violencia sexual, las restricciones de acceso y la reducción del espacio humanitario forman parte de la vida cotidiana en Sudán del Sur. Así lo denuncia Médicos Sin Fronteras (MSF) en su informe sobre la escalada de violencia en el país, Los mataron mientras huíamos. Entre enero de 2025 y abril de 2026, un total de 12 ataques contra el personal y las instalaciones de MSF dejaron a unas 762.000 personas sin acceso a atención médica.

MSF insta al Gobierno de Sudán del Sur, al Ejército Popular de Liberación de Sudán en la Oposición (SPLA-IO) y a todas las partes en conflicto a proteger y respetar a la población civil y las infraestructuras civiles. Los civiles y la infraestructura civil, incluida la atención sanitaria, nunca deben ser un objetivo: los ataques directos contra ellos constituyen graves violaciones del derecho internacional humanitario. Este marco jurídico obliga a todas las partes a proteger a la población civil y a evitar el uso de fuerza indiscriminada o desproporcionada, incluidos los ataques aéreos y el uso de armas incendiarias en zonas pobladas.

“Huí con mi hijo. Desde lejos podía ver el pueblo ardiendo”, relata una mujer desplazada atendida en una instalación de MSF en Chuil, en el estado de Jonglei. “Quemaron las casas. Quemaron a mi abuela dentro del tukul [casa tradicional]. Las personas mayores se quedaron atrás, no podían huir con nosotros. Mataron a los ancianos”.

Los ataques, tanto selectivos como indiscriminados, perpetrados por fuerzas gubernamentales, de oposición y otros actores armados están causando un daño creciente a la población y dificultando el acceso a una atención médica vital. Desde enero de 2025, MSF ha atendido una media de 16 personas al día por heridas relacionadas con la violencia en seis estados —Jonglei, Alto Nilo, Ecuatoria Central, Lagos, Warrap y Ecuatoria Occidental— y en dos áreas administrativas, Abyei y Gran Pibor.

“En estas zonas, la población civil sufre ataques aéreos y terrestres, reclutamiento forzoso, secuestros y una violencia sexual y de género generalizada”, explica Zakaria Mwatia, coordinador general de MSF en Sudán del Sur. “Ciudades y pueblos densamente poblados están siendo atacados, lo que provoca víctimas civiles, desplazamientos masivos y la destrucción de infraestructuras civiles”.

La magnitud de la violencia se refleja claramente en los datos médicos de MSF. En 2025 se registraron 138 ataques aéreos en el país, frente a solo dos en 2024. Ese mismo año, MSF atendió a 6.095 personas por heridas relacionadas con la violencia —incluidas heridas de bala, lesiones por explosiones y violencia sexual y de género—, frente a 4.765 en 2024. Los casos de heridas por arma de fuego aumentaron un 77%. Solo entre enero y abril de 2026, MSF ya había tratado a más de 1.800 personas heridas por la violencia, incluidas 885 supervivientes de violencia sexual, lo que evidencia el impacto cada vez mayor sobre la población civil.

“El viernes por la noche fue violada en grupo en Yei”, cuenta un miembro del personal de MSF al referirse a una paciente atendida en el hospital civil de Yei, en Ecuatoria Central, en marzo de 2026. “No sabía cuántos hombres eran. Acudió a nosotros para recibir tratamiento. Después, su abuela la llevó al pueblo pensando que allí estaría a salvo. El lunes siguiente salió sola a recoger leña y volvió a ser violada por un hombre armado no identificado. Regresó a nuestra clínica el martes”.

La atención sanitaria tampoco se ha librado de la violencia. Desde enero de 2025, MSF ha sufrido 12 ataques contra su personal y sus instalaciones, incluidos secuestros y saqueos. El hospital apoyado por MSF en Old Fangak fue bombardeado deliberadamente por fuerzas gubernamentales en mayo de 2025, y el hospital de Lankien volvió a ser atacado por las mismas fuerzas en febrero de 2026. Además, instalaciones en Ulang, Pieri y Akobo fueron saqueadas en incidentes separados. Al mismo tiempo, el espacio humanitario se está reduciendo de forma alarmante.

“La inseguridad generalizada, las restricciones de acceso y la instrumentalización de la ayuda impiden cada vez más que las organizaciones humanitarias lleguen a quienes más lo necesitan”, añade Mwatia. “MSF observa un patrón preocupante de bloqueos de acceso y órdenes de evacuación dirigidas tanto a civiles como a actores humanitarios”.

Todas las partes en conflicto están utilizando la ayuda humanitaria como un instrumento para alcanzar objetivos militares y políticos. Los intentos de obligar a las ONG a trasladar la ayuda hacia o fuera de determinadas zonas están privando a comunidades enteras —especialmente en áreas controladas por la oposición en Jonglei y Alto Nilo— de asistencia vital e impiden una respuesta humanitaria adecuada. La población civil también sufre desplazamientos forzados, daños físicos inmediatos y a largo plazo, mayor riesgo de desnutrición y enfermedades, un deterioro de la salud mental y la pérdida de medios de subsistencia. Los largos desplazamientos sin acceso regular a alimentos y agua, sumados a duras condiciones de vida y a una respuesta humanitaria limitada, aumentan aún más su vulnerabilidad.

MSF reitera que la población civil, el personal sanitario y las organizaciones humanitarias deben ser protegidos en todo momento, y que el acceso humanitario debe garantizarse sin obstáculos para que la ayuda llegue a todas las personas que la necesitan, estén donde estén.


MSF está presente en Sudán del Sur desde 1983 y el país sigue siendo uno de los mayores contextos de intervención de la organización a nivel mundial. Desde principios de 2025, los combates se han intensificado en todo el territorio, enfrentando a las fuerzas gubernamentales —las Fuerzas de Defensa del Pueblo de Sudán del Sur (SSPDF) y sus aliados, incluidas las Fuerzas de Defensa del Pueblo de Uganda (UPDF)— con una coalición fragmentada de grupos armados de oposición, entre ellos el SPLA-IO, el Frente Nacional de Salvación (NAS), el Ejército Blanco Nuer y milicias aliadas. No se trata de un conflicto entre dos bandos claramente definidos, sino de una guerra entre múltiples partes con alianzas cambiantes, profundamente marcada por divisiones étnicas, regionales y políticas.

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