Ucrania: cuando lo crónico se vuelve crítico

La guerra complica enfermedades controlables hasta convertirlas en afecciones mortales por el retraso y las interrupciones del tratamiento

Anna Nadobko, 61 años, es examinada por un equipo móvil de MSF en Chornomorka, en la región de Mikolaiv. MARIIA NAHORNA

Kiev, 20 de abril de 2026.- En Ucrania, la inseguridad derivada de la guerra, unida a unas condiciones de vida extremadamente estresantes, están provocando una preocupante tendencia de retraso en las consultas médicas, lo que hace que los pacientes desarrollen complicaciones que podrían haberse evitado con una atención oportuna.

Durante meses, muchos pacientes que acudían a consultas rutinarias con los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) han acabado necesitando atención hospitalaria, especialmente las personas mayores. Las enfermedades crónicas manejables empeoran en silencio hasta convertirse en emergencias.

Vira, de 64 años, de la ciudad de Mikolaiv, es una de ellas. Tras huir de la ciudad a raíz de los bombardeos rusos, ahora vive en Ostrivka.

“Mi apartamento quedó destruido, al igual que los de mi hija y mi hijo”, cuenta. “Por eso vinimos aquí. Pero la inseguridad persiste. Hace poco bombardearon una granja. Murieron muchas vacas. Me asusté. Empecé a sentirme débil y a ver doble. Como no pude encontrar a ningún médico de cabecera, fui directamente al hospital”.

Tras ser examinada por un médico de MSF, Vira, que padece diabetes, fue derivada rápidamente a una de las salas de hospitalización del centro.

Al igual que ella, más de 3.200 pacientes atendidos por MSF en los hospitales apoyados cerca de la línea del frente han sido derivados directamente a servicios hospitalarios especializados desde principios de año para la estabilización de sus enfermedades crónicas. Esto representa más del 75 % de todos los pacientes atendidos por MSF en la fase de triaje. Los diagnósticos más comunes son hipertensión, diabetes y cardiopatía isquémica.

Los equipos de clínicas móviles de MSF que trabajan en refugios para personas desplazadas y en comunidades remotas cerca de la línea del frente informan de la misma tendencia. En algunos casos, los pacientes llegan en un estado tan grave que hay que llamar a las ambulancias para que les presten atención urgente.

La gente vive bajo un estrés constante, expuesta a ataques diarios, cortes de electricidad y una incertidumbre prolongada”, explica Robin Meldrum, director de MSF en Ucrania. “Todo ello, les dificulta reconocer cuándo una afección es grave. Lo que deberían ser enfermedades crónicas manejables se están convirtiendo en afecciones que ponen en peligro la vida”.

Complicaciones derivadas de la interrupción del tratamiento

Entre los pacientes atendidos por MSF, muchos son personas mayores que presentan complicaciones derivadas de la interrupción de la atención ambulatoria crónica para afecciones como la hipertensión, la diabetes y el asma. Estas complicaciones —algunas de ellas potencialmente mortales— podrían haberse evitado con una atención continua. En la ciudad de Jersón, por ejemplo, la edad media de los pacientes ingresados en la unidad de cuidados intensivos a la que apoya MSF es de 63 años.

Para cuando llegan al médico, a menudo ya se encuentran en estado crítico, y a veces es demasiado tarde”, añade Meldrum.

El acceso a la asistencia sanitaria sigue siendo un gran reto. Desde el inicio de la invasión a gran escala lanzada por las fuerzas rusas en febrero de 2022, muchas clínicas locales han resultado dañadas o destruidas, el personal médico se ha marchado y las farmacias suelen estar cerradas. Para acudir al médico a veces hay que recorrer largas distancias —en ocasiones 20, 30 o incluso hasta 100 kilómetros— por carreteras dañadas y bajo la amenaza constante de ataques con drones. El transporte público ha colapsado casi por completo.

Las interrupciones en la atención sanitaria también están afectando a los pacientes con tuberculosis y otras enfermedades infecciosas. Muchos deben recorrer largas distancias para continuar con el tratamiento, mientras que el acceso reducido a los servicios de diagnóstico se traduce en que algunos casos pueden pasar desapercibidos, lo que oculta la verdadera magnitud de las necesidades.

Para hacer frente a estas carencias, MSF presta apoyo a hospitales cercanos a la línea del frente y gestiona clínicas móviles en las regiones de Donetsk, Dnipropetrovsk, Jersón, Mikolaiv y Zaporiyia.

“Intentamos llegar a los asentamientos donde el acceso a la atención médica es más limitado”, recalca Katsa Brenneman, responsable de promoción de la salud de MSF en Ucrania. “Sin embargo, debido a la inseguridad —incluidos los ataques contra infraestructuras civiles, estaciones de tren y autobuses de pasajeros—, la gente tiene miedo de salir de sus casas. Los trabajadores humanitarios también operan bajo una amenaza constante; hemos tenido que suspender actividades en docenas de localidades cercanas al frente debido a los ataques con misiles y drones”, expone Katsa.

Los equipos de MSF están haciendo todo lo posible por mantener un cierto nivel de atención sanitaria primaria en zonas a las que es demasiado peligroso acceder físicamente, realizando consultas a distancia. En estos casos, MSF forma a un voluntario de la comunidad para que tome las constantes vitales y ayude en la interacción con los pacientes, mientras las consultas se llevan a cabo mediante videollamada con un médico de MSF.

Mientras la guerra prosigue, garantizar el acceso a la atención sanitaria básica no consiste solo en tratar las emergencias, sino también en prevenirlas. Sin una atención oportuna, las enfermedades crónicas controlables seguirán agravándose hasta convertirse en afecciones que ponen en peligro la vida, empeorando silenciosamente la salud de quienes ya viven en condiciones de extrema dificultad.

 

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