Los recortes de la ayuda obligan al cierre masivo de centros médicos en todo Sudán

MSF advierte de que la reducción de la financiación internacional colapsa un sistema sanitario ya frágil, desborda los escasos hospitales operativos y deja a millones de personas sin asistencia sanitaria ​
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Las actividades de atención primaria para mujeres embarazadas, las madres y los niños han dejado de funcionar en el centro de salud de Hamidya, tras el recorte de gran parte de su financiación por parte de donantes internacionales. TADEU ANDRE/ MSF
Las actividades de atención primaria para mujeres embarazadas, las madres y los niños han dejado de funcionar en el centro de salud de Hamidya, tras el recorte de gran parte de su financiación por parte de donantes internacionales. TADEU ANDRE/ MSF

Jartum / Madrid, 8 de septiembre de 2026.- La población de Sudán se enfrenta a un acceso cada vez más limitado a la asistencia sanitaria, a medida que los centros de todo el país cierran sus puertas y el impacto de los recortes generalizados e históricos de la ayuda internacional por parte de los gobiernos comienza a hacerse notar en medio de una guerra brutal y de una crisis humanitaria catastrófica.

Médicos Sin Fronteras (MSF) advierte de que esta retirada de apoyo a una crisis que ya adolecía de una falta crónica de financiación priva a la población de una atención sanitaria vital y lleva al límite a los pocos hospitales que quedan. En un momento en el que los líderes mundiales se reúnen en la Asamblea General de la ONU, los gobiernos y los donantes institucionales deben proteger la financiación de los servicios sanitarios esenciales en Sudán y proporcionar financiación transitoria flexible en los casos en que los centros corran riesgo de cierre.

Con la retirada de las organizaciones humanitarias, las clínicas locales se quedan sin los fondos ni los medicamentos necesarios para funcionar. Para los pacientes, esto supone tener que soportar viajes largos y peligrosos solo para recibir tratamiento. Mientras buscan ayuda donde pueden, los escasos hospitales que siguen operativos están absorbiendo el exceso de pacientes: entre enero y abril de 2026, los ingresos en los centros apoyados por MSF en Zalingei y Rokero se dispararon un 22,5% frente al mismo periodo del año anterior. La caída de la financiación se está produciendo a un ritmo vertiginoso. La situación se ha agravado aún más ya que, solo en mayo, 45 centros de atención sanitaria de Darfur Central dejaron de recibir ayuda, al quedarse sin financiación la organización que les proporcionaba los recursos.

“La guerra está aumentando las necesidades de Sudán; los recortes de financiación están reduciendo la respuesta”, afirma Muhammad Ibrahim, coordinador general de MSF en Sudán. “El trabajo de MSF en Sudán se financia con fondos privados. Pero cuando desaparece la financiación de otros servicios sanitarios, las clínicas cierran, los pacientes tienen menos lugares a los que acudir y la presión recae sobre los centros que permanecen abiertos, incluidos los nuestros”.

“Los donantes deben proteger los servicios sanitarios esenciales y proporcionar una financiación sostenida y flexible a las organizaciones que dependen de ella”, recalca Ibrahim.

En el campo de Tanedba, en el estado de Gedaref, donde viven 18.400 refugiados, la repentina marcha de una organización humanitaria en junio provocó el cierre de las salas de maternidad y cirugía del campamento. Las mujeres embarazadas que necesitan cesáreas se enfrentan ahora a un viaje de tres horas hasta la ciudad más cercana. MSF ha intervenido para gestionar la sala de urgencias de allí hasta finales de 2026.

En 2021, unas 35 organizaciones humanitarias trabajaban en el campo de Um Rakuba, también en Gedaref, y sus alrededores. Hoy en día, quedan menos de diez. El campamento acoge a unos 17.000 refugiados, en su mayoría mujeres y niños.

“Nuestro hospital de Um Rakuba es ahora el único salvavidas que les queda tanto a los refugiados como a la comunidad sudanesa local”, expone Fabrizio Locuratolo, responsable de Asuntos Humanitarios de MSF. “Pero los recortes aquí van mucho más allá de la atención sanitaria. Las raciones de comida se están reduciendo y los programas de protección se están desmantelando, lo que elimina las últimas redes de seguridad y deja a los refugiados completamente desprotegidos”.

Jaffer es auxiliar médico. Trabaja en un centro de atención primaria del campo de desplazados de Hamidyam. Jaffer y otros antiguos empleados trabajan ahora como voluntarios, pero ya no disponen de los recursos para prestar servicios a los desplazados. Jaffer explica que ahora solo pueden atender a 20 pacientes al día, mientras que, antes de que se recortara la financiación, el centro atendía hasta 250 pacientes por jornada. TADEU ANDRE/ MSF
Jaffer es auxiliar médico. Trabaja en un centro de atención primaria del campo de desplazados de Hamidyam. Jaffer y otros antiguos empleados trabajan ahora como voluntarios, pero ya no disponen de los recursos para prestar servicios a los desplazados. Jaffer explica que ahora solo pueden atender a 20 pacientes al día, mientras que, antes de que se recortara la financiación, el centro atendía hasta 250 pacientes por jornada. TADEU ANDRE/ MSF

Tras el anuncio del Gobierno de EE. UU. del cierre de USAID en 2025, los fondos destinados a numerosas organizaciones que recibían financiación para trabajar en Sudán finalizaron en junio de este año. Aunque el Gobierno de EE. UU. sigue siendo el principal donante en Sudán al proporcionar financiación a la OCHA y a otras organizaciones, muchos de los proveedores de asistencia sanitaria existentes no han podido encontrar fuentes de financiación alternativas para seguir facilitando sus servicios, lo que ha provocado el cierre de centros sanitarios en todo el país.

Al igual que los profesionales sanitarios se enfrentaban a la inminente retirada del apoyo estadounidense, muchos gobiernos europeos también redujeron su ayuda a la población de Sudán.

Los presupuestos de ayuda europeos y multilaterales también se están reduciendo a nivel global. Los datos preliminares de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) muestran que la ayuda de las instituciones de la UE se redujo un 13,8% en 2025, mientras que varios donantes europeos importantes también redujeron sus fondos. A nivel mundial, la ayuda humanitaria se redujo en un 35,8%.

Estas cifras no representan recortes equivalentes en Sudán, donde algunos donantes europeos han mantenido o aumentado su apoyo. Sin embargo, apuntan a un entorno de financiación internacional en fuerte contracción. En Sudán, esa contracción generalizada está agravando una crisis sanitaria ya de por sí grave, donde la retirada de fondos específicos y el cierre de programas reducen el acceso a la asistencia sanitaria.

Los pacientes siguen; las clínicas que necesitan, desaparecen
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“Cerrar una clínica no hace que desaparezca ni un solo paciente, solo los envía al centro más cercano”, explica Sebastián Traficante, coordinador de emergencias de MSF en Darfur. “Tras un viaje más largo y costoso, los pacientes suelen llegar en un estado mucho más grave, y es posible que el hospital ya esté lleno. MSF puede reforzar algunos servicios, pero no podemos absorber todos los cierres”.

En el campo de desplazados de Hamidiya, en Darfur Central, un centro de salud que antes ofrecía atención materna, pediátrica y de salud mental funciona ahora con una capacidad muy reducida después de que una organización de ayuda internacional dejara de prestarle apoyo. Las visitas diarias de pacientes han bajado de 200 a apenas 40, y se han suspendido las vacunaciones.

Este descenso no es señal de que la población esté más sana. Simplemente han dejado de desplazarse hasta un centro que ya no podía atenderles. Un jornalero en Darfur gana aproximadamente 1 dólar al día. Por lo tanto, los 2 dólares que cuesta el transporte para llegar a una clínica en funcionamiento suponen el salario de unos dos días, lo que obliga a los residentes a elegir entre la asistencia sanitaria y la comida. “Con ese dinero podríamos comprar alimentos”, explicó un paciente a MSF. “Si no hay comida, no puede haber salud”.

A pesar de la presencia de unas 50 ONG en Tawila, persisten carencias críticas para hasta 600.000 personas desplazadas. MSF gestiona el único hospital de la zona, con 200 camas, y es la única organización con capacidad para organizar una respuesta a gran escala ante una epidemia. Los casos de malaria y desnutrición ya están aumentando, a pesar de las escasas precipitaciones, antes incluso de que llegue el pico de la temporada de lluvias, y MSF prevé que las cifras aumenten a medida que las lluvias se intensifiquen. En agosto, los equipos de la organización ingresaron a 191 niños menores de cinco años con desnutrición grave en el centro de alimentación terapéutica para pacientes hospitalizados, y casi el 22% también dio positivo en las pruebas de malaria. ​
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Fátima alimenta con leche de fórmula a su hijo Al Rasheed, de 18 días, en la unidad de cuidados intensivos neonatales del Hospital Universitario de Zalingei. TADEU ANDRE/ MSF
Fátima alimenta con leche de fórmula a su hijo Al Rasheed, de 18 días, en la unidad de cuidados intensivos neonatales del Hospital Universitario de Zalingei. TADEU ANDRE/ MSF

Estos cierres se producen en medio de una crisis humanitaria a gran escala que adolece de una grave falta de financiación. La ONU informa de que se prevé que 825.000 niños menores de cinco años padezcan desnutrición aguda grave y que 19,5 millones de personas se enfrentarán a una situación de hambre de nivel de crisis a principios de este año, lo que significa que las familias o bien no tienen suficiente comida para alimentarse o solo pueden satisfacer sus necesidades alimentarias básicas recurriendo a medidas como la venta de los bienes de los que dependen para sobrevivir.

Sin embargo, el plan de respuesta de la ONU, de 2.870 millones de dólares, apenas cuenta con una financiación del 41%, y se estima que el 37% de los centros sanitarios de Sudán están completamente fuera de servicio según la Organización Mundial de la Salud.

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