Conflicto en el este de la RDC: Más de 100.000 personas han huido a Burundi en apenas un mes
Los refugiados viven en campos donde el acceso al agua potable es extremadamente limitado y en los que tienen graves dificultades para cubrir las necesidades básicas en términos de alimentación, higiene y salud
.jpeg)
Busuma, 16 de enero de 2026.- Desde el 5 de diciembre, más de 90.000 refugiados congoleños y 10.000 nacionales burundeses han cruzado la frontera hacia Burundi tras la escalada de violencia en la provincia de Kivu Sur, en la República Democrática del Congo (RDC), según los datos de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR). Las personas se enfrentan a condiciones de vida desesperadas en los campamentos, con acceso limitado a agua potable, alimentos y productos de higiene y con grandes dificultades para cubrir las necesidades más básicas. Médicos Sin Fronteras (MSF) está ampliando su respuesta de emergencia mediante la construcción de una clínica en el campamento de Busuma y advierte del riesgo de proliferación de enfermedades respiratorias y enfermedades epidémicas, como la malaria, el sarampión y el cólera.
- Descarga de fotos y vídeo del campo provisional que se estableció en Ndava a principios de diciembre. Días después fue desmantelado y las personas fueron trasladadas a campos como el de Busuma, en Ruyigi
- Descarga de fotografías recientes del campamento de Busuma
- Descarga de vídeos grabados con teléfono móvil (y en vertical) en el campamento de Busuma (vista general del campo, terrenos donde se instalarán las próximas personas que lleguen al campo y construcción de los centros médicos de MSF)
"Se trata de la mayor afluencia de refugiados en años. En el recién creado campamento de Busuma, instalado en una colina, se pueden ver miles de tiendas de campaña alineadas unas junto a otras. Estamos muy lejos de los estándares mínimos en cuanto al acceso al agua, los alimentos y la atención sanitaria", explica Carolina López Led, coordinadora de emergencias de MSF.
En el campamento de Busuma, en Ruyigi, donde se han instalado unas 65.000 personas, MSF trabaja conjuntamente con el Ministerio de Salud para proporcionar apoyo logístico y capacitación al personal sanitario del centro de tratamiento de cólera, que cuenta actualmente con 47 camas.
Los equipos de MSF también están organizando la distribución de bidones, mosquiteras, jabón y artículos básicos de higiene para más de 1.500 personas en el campamento de tránsito de Makombe. Los casos de pacientes que requieren atención médica especializada se derivan al hospital del distrito de Cibitoke.
Jeannette Turinabitu al lado de un refugio improvisado que se ha construido. A los refugiados congoleños del campamento de Ndava no se les ha proporcionado refugio, jabón ni comida suficiente. Dorine Niyungeko/MSF
Mushombe Mbilize, de 35 años, y sus hijos Graddy, de 2, y Cardinal, de 4, viven junto con otras familias refugiadas congoleñas bajo una sola lona. "La lluvia nos moja, no tenemos nada que comer y no tenemos dinero", dice. Dorine Niyungeko/MSF
Centro de tránsito de MSF en Ndava para refugiados congoleños. Dorine Niyungeko/MSF.
Construcción de letrinas y duchas llevada a cabo por MSF en el centro de tránsito para refugiados congoleños en Ndava. Dorine Niyungeko/MSFAcceso al agua muy limitado
Actualmente cada persona asentada en el campamento de Busuma tiene acceso a 2,5 litros de agua al día. Esta cifra está alejada de los cinco litros, que es lo que marcan los estándares internacionales como cantidad mínima para garantizar la supervivencia, y mucho más aún de los 15 litros necesarios para cumplir con los estándares humanitarios mínimos. Además, de media hay una letrina por cada 98 personas, lo que supone la mitad del estándar mínimo.
Los equipos de MSF suministran 51.000 litros de agua al día mediante camiones cisterna y sus equipos están planificando soluciones más sostenibles para poder llevar a cabo una distribución mayor. Sigue existiendo una gran necesidad de distribuir agua limpia, principalmente para limitar la propagación de enfermedades transmitidas por el agua, como el cólera.
"La llegada de tantas personas en tan poco tiempo nos pilló a todos por sorpresa", afirma López-Led. "Las autoridades y las organizaciones humanitarias estamos haciendo todo lo posible para responder a las necesidades lo más rápido que se pueda. Estamos comprometidos a mejorar el acceso a la atención sanitaria esencial y trabajaremos para seguir garantizando servicios gratuitos y de alta calidad a las personas refugiadas, pero, si las organizaciones que estamos desplegadas aquí no recibimos refuerzos rápidamente, no podremos hacer frente a la magnitud de las necesidades. Ahora mismo, la situación corre un enorme riesgo de empeorar rápidamente", concluye López-Led.
Médicos Sin Fronteras lanzó una respuesta de emergencia en los primeros días de diciembre para atender las necesidades básicas de los refugiados que cruzaban la frontera y se instalaban en campos improvisados. Sus equipos atendieron una media de 200 pacientes diarios a través de la clínica móvil que llevaron al sitio de Ndava y derivaron casos complicados para que recibieran atención especializada en el hospital distrital de Cibitoke. También proporcionaron una media de 25.000 litros de agua al día y construyeron letrinas y duchas para reducir los riesgos de enfermedades asociados a la falta de acceso a necesidades básicas de higiene. En los últimos días que estuvieron en el campo, antes de que las personas fueran trasladadas a campos como el de Busuma, el 42% de las pruebas de malaria que llevaron a cabo los equipos médicos dieron positivo.
Javier Sanz
Fernando Calero