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Abandonados en las fronteras

Abandonados en las fronteras

Migrantes y refugiados tratan de seguir su ruta a pesar del crudo invierno del norte de Italia

Madrid / Roma, 5 de marzo de 2021.- En los últimos meses, ha habido un importante aumento del número de personas migrantes y refugiadas en las fronteras del norte de Italia. Incluso en invierno, la gente sigue dirigiéndose al oeste a través de las montañas nevadas en dirección a Francia. Muchas cuentan historias de rechazos repetidos por parte de la policía francesa. En la frontera oriental de Italia, quienes llegan a pie tras recorrer la ruta de los Balcanes atravesando bosques y senderos, suelen relatar haber sido golpeadas por la policía bosnia o croata.

Si bien el número de personas que hacen la ruta es menor que hace unos años, las humillaciones, la violencia, las dificultades y el acoso que padecen hombres, mujeres, niños y niñas en sus trayectos no han cambiado. Lo único que las mantiene en marcha, a pesar de todo lo sufrido, es la posibilidad de alcanzar finalmente su destino.

La ayuda de las autoridades es completamente inexistente en las ciudades fronterizas. En consecuencia, esta queda a cargo exclusivamente de activistas y voluntarios que reciben a las personas en tránsito y les brindan asistencia humanitaria y atención médica con el apoyo de Médicos Sin Fronteras (MSF).  Dos equipos de MSF han visitado los principales puntos de tránsito en Ventimiglia, Oulx, Bolzano y Trieste y recabado el testimonio de personas migrantes y refugiadas y de voluntarios y activistas que tratan de ayudarlas.

Ventimiglia
En las calles, sobre las vías del tren, en edificios abandonados y en la playa: aquí viven personas migrantes y refugiadas en Ventimiglia
después de que las autoridades cerraran el campo de tránsito cerca del río Roya en julio pasado. A pesar de sus deficiencias, el campamento era un lugar de estancia estas personas. Ahora no hay ningún centro oficial para recibirlos. Grupos voluntarios y redes informales de activistas proporcionan (12 horas al día, 7 días a la semana) comida caliente cerca de la frontera francesa. Es gracias a su compromiso que las familias con menores pueden encontrar un lugar donde alojarse en la ciudad.

Delia tiene un bar cerca de la estación de tren de Ventimiglia. Abre las puertas de su restaurante a personas migrantes y refugiadas. Filippo, 60 años y cerca de la jubilación, viene todos los días para tomar un café y ver si hay una nueva familia que acoger. “El año pasado, mi esposa y yo abrimos las puertas de nuestra casa. Ya hemos acogido a más de 30 familias. Lo hacemos como un servicio. Damos la bienvenida a familias con menores y mujeres solteras: personas que no tienen ningún tipo de protección y que nunca deberían tener que dormir en la calle”.

La Caritas local, a cinco minutos a pie de la estación, ofrece servicios que incluyen asesoramiento legal, alimentación, ropa y alojamiento para familias. La COVID-19 ha tenido un impacto tremendo en estas actividades. “Nos hemos visto obligados a suspender el servicio de duchas y las comidas se distribuyen al aire libre. Tras el cierre del campo de tránsito, la situación se deterioró y hoy las instituciones públicas están totalmente ausentes. La gente que llega está cansada y está perdiendo la esperanza. Estamos preocupados por el futuro; si los números aumentan, la situación podría volverse crítica”, explica Cristian Papini, director de Caritas en Ventimiglia.

Caritas facilitó uno de los apartamentos con los que cuenta a una pareja joven con una niña de 7 años. Originaria de Etiopía, la familia llegó a Libia en 2018, donde estuvo encerrada en un centro de detención en Kufra durante ocho meses. Allí, la pareja fue golpeada y torturada delante de su hija hasta que la iglesia de su aldea de origen pagó el rescate. Entonces realizaron su primer intento para llegar a Europa: tras dos días en el mar, fueron interceptados por la Guardia Costera libia y devueltos a Libia. Después de otros cuatro meses en un centro de detención, lograron escapar y encontraron trabajo como criados antes de intentar cruzar el mar de nuevo. En octubre del año pasado y tras una travesía de tres días, llegaron a Lampedusa desde donde emprendieron viaje hasta Ventimiglia.

Las víctimas sin nombre de la inundación de octubre
A principios de octubre, Ventimiglia sufrió graves inundaciones
y, en los días siguientes, se encontraron diez cadáveres, ocho de los cuales nunca fueron identificados. "Probablemente eran personas en tránsito que dormían en la ribera del río y fueron arrastradas por el agua", afirma Luca Daminelli, activista de Progetto 20K. Cada noche, los voluntarios de esta red se dan cita en un aparcamiento frente al cementerio donde distribuyen comida caliente y ropa. “Podemos llegar a las personas y familias en tránsito gracias a una extensa red de solidaridad que se ha establecido en la zona”, dice. “Toda la asistencia es proporcionada por el sector voluntario. MSF nos donó sacos de dormir, mantas, zapatos y ropa que distribuimos a migrantes y refugiados, todos artículos esenciales para los meses de invierno”.

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Oulx
En tres años, más de 10.000 personas han cruzado los Alpes en Oulx, en el Valle de Susa, para llegar a Francia. La pandemia de COVID-19 y las restricciones por el confinamiento han llevado a una disminución de las cifras aunque sin paralizarlas por completo. Durante el verano, al menos 500 personas pasaron por Oulx, la mayoría había recorrido la ruta de los Balcanes. Entre ellas había iraníes, afganas y norteafricanas, que eligieron este rumbo para evitar los centros de detención en Libia y el riesgo de naufragio en el Mediterráneo.

El refugio ‘Talità Kum’ se encuentra frente a la estación de tren de Oulx. Abierto de 6 de la tarde a 10 de la mañana, está gestionado por la red de voluntarios de Rainbow for Africa y Waldensian Diaconia. Unos kilómetros más adelante, en el camino que conduce a la frontera, una antigua vivienda para trabajadores de la carretera es usada desde hace años por un grupo de activistas para proporcionar refugio las 24 horas del día a personas en tránsito. “Durante el invierno, las montañas se convierten en una trampa de hielo y nieve para quienes intentan cruzar”, alerta Piero Gorza, antropólogo y representante en Piamonte de Médicos por los Derechos Humanos.

El viaje comienza en la plaza frente a la estación desde donde parten los autobuses hacia Claviere, la última ciudad italiana antes de la frontera y desde la que migrantes y refugiados esperan llegar a Briançon en Francia. “Cuando caminas a temperaturas de -15 °C, si tus pies se mojan, pones en peligro tu vida”, explica Gorza. “El invierno es un momento crítico y dramático en el que todos debemos trabajar juntos para salvar vidas. Afortunadamente, este valle también tiene una sólida tradición de solidaridad, lucha y resistencia arraigadas en la memoria de su gente en los años posteriores a la guerra. Solo ha habido cinco muertes en todos estos años gracias a los voluntarios y activistas que proporcionan ayuda en la montaña. Es como darle un chaleco salvavidas a alguien que se ahoga en el mar: evita muertes”.

Bolzano
A mediados de diciembre, 120 migrantes vivían en la calle en Bolzano. La gente todavía llegaba a la ciudad con la esperanza de cruzar la frontera, pero el paso de Brenner está cerrado. 50 personas viven en condiciones terribles bajo el puente de la autopista, rodeadas de basura, con ratas corriendo entre sus maltrechas tiendas y sin acceso a agua potable ni baños.

Antes de la pandemia, quienes vivían aquí podían recibir tratamiento médico gracias a una clínica móvil y a un comedor gestionado por la asociación Volontarius. Además de la atención médica básica, podían comer una comida caliente en un espacio con calefacción.

MSF apoya a la organización Bozen Solidale a la que proporciona sacos de dormir, mantas, zapatos y ropa que se distribuyen directamente a las personas fuera del sistema de recepción.

Issifi, originario de Níger, pasó algún tiempo en Alemania y Suiza, pero regresó a Italia. Vivió en las calles de Bolzano durante más de un año hasta que conoció a Reiner, un agricultor que cultiva manzanas orgánicas. Reiner le invitó a que se quedara en su granja cuando terminara la temporada de recolección de manzanas. “Llegar a conocer su historia fue fundamental”, recuerda Reiner. “Sus experiencias durante su odisea me enriquecieron y me impresionaron. Ninguno de nosotros puede imaginarse realmente su sufrimiento y las cosas terribles que han experimentado en el transcurso de sus viajes. Sin embargo, a pesar de haber tenido una vida tan dura, siempre tienen una sonrisa”.

Trieste
Personas migrantes y refugiadas entran en Italia por el paso fronterizo de Trieste tras pasar por Grecia, Serbia, Croacia y Eslovenia a lo largo de la ruta de los Balcanes. Viajan por todos los medios posibles, pero sobre todo, a pie. Hombres, mujeres y niños interceptados a lo largo de estas fronteras son a menudo devueltos, a veces con violencia. El trato al que son sometidos, especialmente en Croacia y Bosnia, es bien conocido.

En Trieste, la mayoría de los migrantes y refugiados permanecen en la ciudad por temor a las devoluciones, que pueden ocurrir hasta a 10 kilómetros de la frontera. Algunos deciden quedarse en la localidad y son recibidos por el Consorcio Italiano de Solidaridad (ICS). Mochilas y ropas gastadas y sucias jalonan los senderos del bosque a lo largo de la frontera, abandonadas porque ya son inservibles.

Merced al boca a boca, que se extiende más allá de las fronteras y los idiomas, muchos se reúnen por las noches en el jardín frente a la estación de tren. Es aquí donde los voluntarios de Linea d'ombra y Strada SiCura ofrecen bebidas calientes, comida, ropa y, cuando es necesario, atienden las lesiones resultantes de la ruta. Generalmente, se trata de heridas en los pies producto de caminar largas distancias con calzado inadecuado o incluso descalzo. En el transcurso del viaje, muchas personas sufren robos y son despojadas de todo lo que poseen.


Ante la ausencia casi total de instituciones estatales, MSF reconoce el compromiso irreemplazable de activistas, grupos de voluntariado y comunidades locales. Estos tratan de garantizar condiciones de vida dignas y facilitar orientación y apoyo a migrantes y refugiados en movimiento.

Sin embargo, es ante todo responsabilidad del Gobierno adoptar políticas migratorias que garanticen asistencia y protección, en lugar de exclusión y sufrimiento. Las condiciones de acogida inhumanas, la violencia y los abusos a manos de la policía, y los repetidos rechazos en los cruces fronterizos no impiden que las personas sigan buscando una vida digna, sino que provocan sufrimiento y graves consecuencias humanitarias. Con demasiada frecuencia, crean las condiciones para hacer las rutas aún más peligrosas.

MSF pide a las autoridades italianas que pongan fin a los repetidos rechazos de ciudadanos extranjeros interceptados en la frontera entre Italia y Eslovenia. Los migrantes y refugiados son devueltos primero a Croacia y luego a Bosnia, donde quedan en condiciones de vida precarias y son víctimas de abusos sistemáticos. MSF hace un llamamiento a las autoridades italianas para garantizar que las acciones de la policía en la frontera con Francia, llevadas a cabo conjuntamente con las autoridades galas, respeten la dignidad y seguridad de las personas y protejan a las más vulnerables, incluidas familias, mujeres con niños y menores migrantes sin acompañamiento adulto. MSF pide a las autoridades italianas que garanticen unas condiciones de recepción adecuadas, asistencia y acceso a la atención médica en todas las zonas fronterizas, con medidas que tengan en cuenta las vulnerabilidades específicas de este grupo y el tiempo limitado que pasan en suelo italiano.

 

 

 

 

Migración Refugiados Italia
Sobre MSF España

Médicos Sin Fronteras es una organización médico-humanitaria internacional que asiste a poblaciones en situación precaria y a víctimas de catástrofes de origen natural o humano y de conflictos armados, sin ninguna discriminación por raza, género, religión o ideología política. Su presencia independiente e imparcial en las crisis le permite dar una asistencia inmediata a las personas más necesitadas. La acción médica es la prioridad de MSF, pero la organización también recurre al testimonio como medio para provocar cambios en favor de las poblaciones a las que asiste.

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